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martes, 13 de mayo de 2014

Me he comprado el trapo mas caro del mundo


Todo inició a partir de una de mis múltiples lloriqueaderas con mi asesora de lactancia, durante ese periodo gris oscuro que recuerdo algo borroso llamado PUERPERIO, hasta la palabra es increíblemente agresiva, en esta ocasión era sobre mi malvado bebé demandante que no hacía mas que pasar pegado a mi; "cada cuanto come?" me preguntó mi tierna asesora, "como cada cuanto?... cuanto tiempo pasa sin comer? algunos minutos al día" "como crees, no siempre que llora es hambre, a veces quieren amor, que los carguen, que los paseen" yo "......amor........." "no has intentado cargarlo en un rebozo?" antes de seguir adelante con mi trauma por los rebozos/fulars/babywraps (como los quieran llamar, par mi siempre será un gran trapo), quiero recalcar que la lactancia  A LIBRE DEMANDA me encantaría discutirla en otra entrada, porque merece una entrada, o un blog entero. Me presenta mi asesora tiernamente un trapo largo largo y pesado, claro con cositas bonitas tejidas y un colorsito vistoso, se veía frustrante al principio, se lo amarró como se acordaba (advirtiéndome que no era la experta) y se puso al pequeño meatball bajo sus telitas, el hombre encajó perfecto, se acurrucó, la olió, lo vi feliz, después lo intenté hacer yo y cuando lo tuve así, enredadito entre trapos en mi pechito, pensé para mi, no cambiaría esta sensación de cercanía, su olorsito perfecto de bebé (osease vomitada), su cuerpesito contra el mío y sólo para añadirle un poquito mas de perfección, mis manos estaban libres, no estaban libres desde el minuto de su nacimiento, comenzaba en ese momento a generarse un monstruo, un monstruo adicto al trapo. Primero pasé horas y horas practicando la colocación del trapo, los amarres, ponía un osito puerquito de peluche (esto durante los 2 minutos que pasaba meatball entre chichi y chichi), cuando me animaba trepaba a meatball, aveces chueco, aveces menos chueco, fuí "perfeccionando" el arte, mientras estaba en el trapo se acababa el llanto, se le veía en su carita una sensación de comodidad y bienestar, como de nostalgia, sentía mi calor, se hacía bolita, escuchaba mi corazón, caminaba a mi paso, algo le recordaba. El trapo en cierta forma hizo de mi PUERPERIO (musiquita de psicosis o de viernes 13, alerta sísmica, lo que mas le petrifique) rescatable; meatball no era de esos niños que se acostaban lindos en su corralito o moisesito o portabebesito o columpito (todos los probó... todos:...) el quería pasear, quería brazos, quería calor, conocer, metichear, llámelo como quiera, tardé algunos días en comprenderlo y encontrarle el gusto, masomenos 40 días, haga la cuenta, el trapo me hizo ver esa luz de esperanza, comía meatball y lo trepaba al trapo, salía un poco a ver el sol, paseaba por el parquesito, aveces me llevaba un libro y leía en voz alta para que el pobre inocente sintiera que le leía un cuento, pero en realidad leía algún libro de autoayuda para el PUERPERIO (hay miles, miles), tras una corta caminadita de 20 a 30 minutos y una platicadita, se dormía, al fin se dormía! mi indormible bebé, entonces entraba de nuevo a la casa y disfrutaba esos minutos en los que meatball roncaba y yo prendía la tele, seguía leyendo, subía los pies, me sentía un poquito YO otra vez, no duraba mucho, quizás 20 minutos o hasta 2 horas, eso en el mundo de la puérpera son como 2 días, poco a poco le fui encontrando mas ventajas, no solo lo traía en la casa, empecé a salir con él, con la carriola, porque así veía yo en las plazas que salen los niños, pero con el trapo siempre amarrado, si empezaba a chistar de la carriola (solo el 90% de las veces) iba al trapo y el mundo se hacía rosa, comía en el trapo, paseaba en el trapo, dormía con el trapo, (hacía todo, sí, TODO con el trapo), si salía a la plaza yo no buscaba elevadores, subía como los demás por la escalera eléctrica, siempre provocando mas de una mirada sorprendida, algunos "mira.. es un bebé..." y unos pocos animados que me preguntaban "es su bebé??" "no va muy apretado ahí??" o "me encanta como carga a su bebé", de todo hay, a medida que pasaron los días y sobrevivimos al PUERPERIO, decidí indagar mas, como es posible que algo tan absolutamente maravilloso sea sólo un producto mas, que no hay nadie como yo allá afuera obsesionado con esto?, no hay una especie de submundo de trapos?, resulta que hay un submundo para todo (al menos en el Distrito Federal), gracias a esa maravilla de internet, redes sociales, google y demás, dí con grupos enteros de doñas hipsters como yo (los gringos les dicen "crunchy granola") que igual (no, no igual, mil veces mas) estan traumadas con los trapos, inventan amarres, los coleccionan, los idolatran, se juntan en lugares chick del DF (porque NO, no es la maría que le pide ayuda a su bebé en su esquina favorita que se está usted imaginando), escarbando y escarbando en este submundo, resultó que mi trapo era basura, !basura!, mi maravilloso trapito, resultó que era elástico (es como una ofensa para los verdaderos conocedores de trapos, como darle lambrusco a un someliére y decirle "esta bien rico y ni se ocupa descorchar"), me explicaron de las bondades de un trapo de verdad, de un trapo rígido, de algodón, la crema de la crema en trapos, y ahí voy, porque al esquimal al que le vendieron hielo de seguro era una mamá y de seguro el vendedor le dijo que el hielo le ayudaría a la postura de las falanges distales de los pies de su bebé y lo compró, si tenía 10 pesos lo pagó en 12. Y ahí voy con el marido, a un taller de "porteo" porque resulta que hasta merece un verbo, "portear"; "yo porteo, tu porteas, nosotras porteamos, portearíamos, etc.." obvio me acabé llevando el trapo mas caro del mundo, si de algodón alemán y de acabados perfectos, soporta 300 kg y tiene una vida de 30 años (frio frío como hielo) pero la verdad la verdad, estoy fascinada con mi trapo nuevo, lo "porteo" como una pavorreal, con el pequeño meatball feliz, pegadito a mi, con la posición perfecta, la temperatura perfecta, la compañía perfecta; espero en el futuro seguir aprendiendo de este maravilloso submundo (espero y ya no me siga costando tanto baro), poder ir a alguna reunión con alguna de esas mamás a alguno de esos lugares chick donde no creo que nadie pida un café o una coca light (menos una chela) pero ahí estaría yo, como cuando puberta terminabas en la mesa de los muchachitos bonitos de la escuela y se sentía uno volar, aunque fuera de mentiritas. Finalizo por tanto vendiéndole la idea, dándole hielo, una vez probado un trapo no hay vuelta atrás.